RESEÑA DE UN CONCIERTO DE
THE CURE EN ARGENTINA 2013
Hace 9 años (12 de abril de 2013)
Un Día como hoy nacía la revista a la sombra
de este gran concierto de la banda de Robert Smith
Y lo rescatamos del segundo número (cuando éramos Fanzine)
para recordar este evento que nos dio vida.
26 AÑOS DE DEUDA SALDADAS
EN MÁS DE TRES HORAS
The Cure en Estadio de River Plate,
Buenos Aires, Argentina (12 de abril 2013)
Por Diego Centurión
Veintiséis años de aquellas noches de Ferro, veintiséis años de rumores y desencantos, de recuerdos y sueños, de temores y amores, de esperar un reencuentro, que ante cada nueva gira se reavivaba y se quebraba. Veintiséis años que en meses se hicieron 26 décadas, desde la confirmación de este LatAm Tour 2013, desde que salieron a la venta los tickets la ansiedad la pude manejar muy bien, en esos meses surgió la idea del fanzine y esto me llevó a escribir y soñar de manera tranquila con el reencuentro con The Cure. Pero al escuchar la transmisión en vivo de la hora que pasaron desde Paraguay, se quebró la tranquilidad que mantenía a flor de piel. Esos dos días, entre visitas a la puerta del hotel, las conexiones entre amigos de todo el país para el evento, los fans que reventábamos las redes sociales con deseos, fotos, videos, y demás, llegamos a la noche del 12 de abril, y la cita era “una Fiesta”.
Antes de salir de mi casa, había estado viendo la transmisión de Vorterix, por donde mostraban imágenes en vivo del escenario vacío y todos los equipos de The Cure, esas cosas que suelen mostrar cuando no hay entrevistas o “algo” que mostrar. Pero a mí, y creería que a la mayoría de los fans, servía para acercarme más a la hora del concierto. También las charlas de Facebook, la promesa de un grupo de fanáticos de lanzar globos luego de “Friday I’m Love”, y la ansiedad manifestada en las redes sociales por lo que se acercaba.
Un día soleado, muy distinto al anterior en donde la lluvia hacía presagiar un viernes similar. Pero no, amaneció con el cielo turquesa sin una nube y muy frío, como para demostrarle a Robert que hasta el clima lo recibía de la mejor manera. Sin el agobiante calor de aquellos días en el Buenos Aires de 1987.
Llegué temprano al estadio, la platea baja vacía, el campo con un poco de gente, no eran más de un centenar, así que después de ubicarme, aproveché para ver lo que había de Merchandising Oficial, luego un cafecito, ya que el frío se sentía mucho. Luego me quedé mirando el movimiento incesante del público del campo ingresar. Mientras tanto recibía mensajes de amigos que iban llegando a la cita Cureana.
La espera termina a las 19.00 hs, cuando, puntualmente, aparece en el escenario Di Giovannis, Alexis de Almeyda en guitarra y voz, y Victoria Rodriguez Agnese, bajo. Y una batería programada. La banda se presenta ante un estadio casi vacío. El frío y el viento se hacen sentir, así que un cafecito es la mejor opción.
Di Giovannis, cultores de un sonido oscuro noise, con ciertas influencias del Sisters of Mercy de “Vision Thing”, con un sonido caótico y atractivo, la voz pareciera como si Ronny Moorings, de Clan of Xymox, se haya puesto a cantar en español. Una sonoridad ruidosa a lo Bauhaus, pero todo tomado con mucha precaución. De todas formas cumplen con el cometido de entretener, mientras sigue entrando gente a todos los sectores del estadio. Esta fue la banda elegida por Robert Smith.
La gente respetuosa escucha el set de la banda, mientras va cayendo la noche y más gente. La banda crea un caos sonoro interesante, mientras en el público se ven volar algunos globos, ¿Pero no era luego de Friday I’m Love? Las canciones de la primera banda se van sucediendo, Alexis no es muy comunicativo con el público, el campo sigue sin abarcar la mitad del campo de River. Pero lentamente las plateas se empiezan a oscurecer con formas humanas oscuras. Si bien Di Giovannis despliega todo su arsenal sonoro tratando de agitar al público, éste inmóvil, pero respetuoso, los aplaude casi reservando fuerzas para lo principal. La audiencia sabe el largo camino que falta aún para lo esperado durante veintiséis años, y cuida su euforia y su aliento para el plato principal.
Luego de los 30 minutos pactados, Di Giovannis se retira del escenario al mejor estilo The Jesus and Mary Chains en Obras 1990, se retiran dejando los instrumentos acoplando, hasta que los técnicos apagan todo, para alistar para lo próximo. Aplausos, mientras empieza asonar The Doors…
Ya es una noche fría y la brisa se hace más soportable. Tal vez por el paso de Di Giovannis, que significa un paso más, hacia el reencuentro.
20.00 horas, se apagan las luces y sube a escena Utopians. Banda formada por Bárbara Recanati: guitarra rítmica y voz, Gustavo Fiocchi: guitarra, Larry Fus: batería y Mario Romero: bajo y coros. La banda sale con toda su energía, pero la banda peca de un rock garaje juvenil, que no coincide mucho con The Cure. Si bien lo más aplaudido de la banda fue cuando nombraban a The Cure, intentaron ganarse al público con un cover de Jesus and Mary Chain, “Head On”. Pero más allá de la versión acelerada, la voz femenina no es lo apropiado y se nota, la banda no termina de entusiasmar al público, que ya comienza a llegar de manera copiosa.
El sonido de Utopians me hace acordar mucho a Celeste y la Generación, una de las formas con la que Celeste Carballo se plegó a la moda del momento. En ese momento, era el visceral sonido de los años 80’s, con su sonido más punk. Pero en Utopians es mucho más diluido y descafeinado. La banda carece de emotividad, ingenio y, hasta si se quiere, peca del “gastado” “Just do It”, y se quedan sólo en la pose de rockers, nada más.
De las dos bandas soportes, la primera llega por peso de su oscuro sonido, la otra, llega por el apoyo de la discográfica “Popart”, que es parte de la organización.
Atrás quedaron los últimos acordes de la última canción de Utopians, se retiran del escenario totalmente contentos. Estamos ante la última media hora para The Cure. Ya estamos a un paso del sueño para muchos y el reencuentro para otros, como en mi caso. Ya el campo se encuentra en un 80% y sigue ingresando gente. Las plateas, más tupidas, me dice que se va a llenar para The Cure, mientras tanto sale a escena un hombre y dice: “Bienvenidos al show de The Cure. La banda ya está lista. En quince minutos empieza el show. Esperamos que ingrese la totalidad de la audiencia.”
Y es verdad, el acceso al estadio es complicado, por el tránsito. Algunos amigos siguen afuera tratando de llegar al estadio. Cinco minutos para la hora estipulada, el estadio ya casi completo, la gente sigue ingresando. Una fría noche, la brisa no detiene la ansiedad y el palpitar de los corazones.
21.25 se apagan las luces, el estadio se tiñe de ansiedad, gritos, aullidos, la pantalla se baña de estrellas provocadas por pequeñas luces, las mismas utilizadas para el “Greatest Hits”.
Desde la platea se ve como esas pequeñas luces se derraman por el público, pero esta vez por las cámaras digitales y celulares, que ya buscan a The Cure.
21.28 salen a escena. Robert Smith con un buzo negro con capucha con el borde con piel, con su Schecter Signature. Con una inscripción: “Ding Dong The Witch Is Dead”, en clara relación a la muerte de Margaret Thatcher, frase y canción utilizada por activistas anti-Margaret Thatcher para celebrar su muerte el pasado lunes.
Es raro, después de 26 años, The Cure en Argentina y las Malvinas sobrevuela el escenario, como en su primera visita. Aunque la banda no está envuelta en el tema como la primera vez que pisaron suelo argentino.
Simon Gallup con una campera de jean azul gastada sin mangas, un buzo negro con capucha. Reeves Gabrels un largo saco de cuero y camisa negra. Roger O’ Donnell impecablemente de negro. Y Jason también.
Toman posición y comienzan la gran “Plainsong”, una bella canción para dar comienzo a la fantástica y esperada noche por el público argentino, aunque hay presencia de muchos países de Latinoamérica. La magia de la canción crea una atmósfera de ensueño en todo el estadio, ya totalmente colmado.
Simon inmóvil mirando al público hasta que comienza su magnífica intervención en la canción.
La canción termina dejando al estadio palpitando cada segundo, y Robert dice: “Thank you, and Hello again”.
Le sigue otra gran canción del disco Disintegration, “Pictures of You”, una lenta versión que hace regocijar al público, Robert hace señas por algún problema con el retorno.
Luego llega otra del mismo disco, “Lullaby”, y vemos a un Smith con muchas ganas de bailotear, torpe y encantadoramente como siempre suele hacerlo. El público corea el fraseo de la guitarra. Simon hace que su bajo sobresalga. Luego, ya embelesado por el principio del show, me afloran sentimientos de gran belleza por lo que estoy viendo y presenciando en vivo y en directo. A Robert aún se lo nota un poco tímido, mirando poco a la audiencia.
“High”, es la cuarta canción y paradójicamente, el escenario de la cancha de River se viste de azul y amarillo, mientras en la pantalla aparecen imágenes de nubes.
Miro el cielo y veo una cerrada noche estrellada y reposada, a la altura de mi cabeza, “La Cruz del Sur”, como si todo el momento se conjugara para ser Mágico. La canción termina con Robert abrazándose a sí mismo.
“The End Of The World”, el escenario se viste de rojo y blanco y una imagen en directo de la banda en el escenario se distorsiona, creando un muy lindo efecto. La banda suena muy ajustada, ahora pienso en que ensayaron como 60 canciones y veo que se notan los ensayos. Me gusta mucho lo que hace Reeves en la guitarra. Se nota lo bien que se lleva la banda con Gabrels.
Luego llega del disco “Disintegration”, “Lovesong”, la calidez de la canción se ve reforzada por la imagen del single y las luces azules y rojas bañan todo el escenario, y luego se torna a un blanco y rojo. A esta altura, las caras de la gente que están cerca de mí, son, como seguro la mía, de fascinación. Sobresale la belleza de los teclados de Roger.
Llega la canción número siete, la maravillosa “Push” del disco “The Head On The Door”. Con una secuencia para mí, es innecesaria. La gente estalla y comienza a saltar, las guitarras suenan increíbles, Reeves es muy preciso en el sonido que le da a la canción y eso, hace que los arreglos entre las dos sea muy bello de escuchar, el bajo de Simon es de una belleza que me deja sin palabras…. Y maravillado.
La siguiente canción, la octava del show, sacude nuevamente al público, y es uno de los éxitos de “The Head On The Door”, “Inbetween Days”. La audiencia corea el característico teclado de la canción. Y la banda me hace recordar aquellas noches de 1987, en el estadio de Ferro Carril Oeste.
Ahora, sin bajar el ritmo, llega otra de “Kiss Me Kiss Me Kiss Me”, “Just Like Heaven”, el sonido de la guitarra acústica de Robert suena profunda y el bajo de Simon es una aplanadora. La precisión de Gabrels hace olvidar al querido Porl Thompson, haciendo de su guitarra un perfecto complemento para la armonía de la banda.
Llegamos a la décima canción, del disco “Wish”, “From The Edge Of The Deep Green Sea”, una versión más lenta que la original. El escenario se baña de luces verdes y azules, y luego rojas y amarillas. Destaca lo que realiza Gabrels en la guitarra, es simplemente fantástico, haciendo un solo perfecto.
La canción que le sigue es una de su último disco en estudio, “4:13 Dream”, “Sleep When I’m Dead”, con un furioso Wah Wah de Reeves, que le imprime firmeza y solidez al sonido de la banda. Mientras en la pantalla la imagen en directo de la banda se distorsiona.
Llega la canción número once, una de las más esperadas por el público, del disco “Seventeen Seconds”, “Play For Today”. La gente estalla coreando el teclado de Roger O’Donnell. Si bien la versión 2013 pierde un poco de velocidad es excelente igual. A esta altura Robert está muy alegre y se lo nota relajado.
Llega la canción número trece y otro del disco de 1980, “A Forest”, el escenario se tiñe de verde y violeta, con las imágenes del bosque del video. Una sublime y profunda versión, más corta que la que acostumbraban a tocar en otros años. El final el bajo de Simon es acompañado por los aplausos de la multitud. Robert levanta la mano, reverenciando a Simon.
A esta altura estamos comenzando la segunda hora del concierto. No hay cansancio en la banda ni en el público, que festeja la canción número catorce, del disco “Faith”, llega la tremenda versión de “Primary”. La función de Gabrels es fundamental para esta versión. El aporte de Roger en teclados se nota y mucho, la hace grandiosa. Si bien es un poco más lenta que la original, no pierde nada en potencia. Mientras en la pantalla se ve la portada del simple. Hay un sutil cambio en el final con unos cortes que mejoran la canción.
Llega la canción número quince, del disco “The Top”, “Bananafishbones”. Robert con una armónica desata toda la oscura psicodelia sobre el escenario. La melodía de voz es baja, me hace acordar a la que utiliza en “Harold and Joe”. A esta altura del show Robert se divierte, bailotea sobre el escenario. El bajo y el teclado hacen maravillas, la guitarra de Reeves con wah wah hace la diferencia. Llega el final y Robert se tira para atrás juguetonamente.
La siguiente es el single de 1981, un clásico “Charlotte Sometimes”. Al comenzar la canción me percato del paso de un avión, en la oscuridad de la noche. (El estadio de River Plate se encuentra cerca del aeroparque de la Ciudad). En ese momento arranca una versión más lenta que la original, con una importantísima presencia de los teclados de Roger. El bajo de Simon es simplemente fabuloso; es el primer gran momento emotivo de la noche, la oscura nostalgia desborda desde el escenario, marcando un punto de comunión público-banda majestuosa. Mágico tramo del Show.
El clima creado por la canción anterior se rompe por otro clásico del compilado de 1983, “Japanese Whispers”, “The Walk”. El público estalla de alegría y comienza a saltar y a corear el teclado. La banda demuestra que puede pasar de la oscuridad a la diversión sin problemas. El escenario se baña de luz azul y violeta. La versión es soberbia.
La frescura y la alegría creada por la canción continúa de la mano de uno de los simples del disco “Wild Mood Swings”, “Mint Car”, una gran canción en donde Robert demuestra su ductilidad para la guitarra. Se llega a escuchar la pandereta que hace sonar Roger. Mientras pasa otro avión. A Robert se lo nota alegre.
Después de unos acordes comienza otro clásico de “Wish”. “Friday I’m In Love”, una de las canciones más festejadas hasta ahora. Aparecen los globos, una iniciativa realizada por un grupo de Facebook. En la pantalla una imagen animada del corazón del simple. El final es más que mágico, un globo blanco se eleva durante la canción y al terminar la misma, se pierde por un costado de la pantalla que posee la cancha, saliendo del estadio, al mismo tiempo pasa un avión, y la silueta de un murciélago es iluminada por el paso de un seguidor del escenario. Sin palabras…. Es ¡¡¡¡Magia CURE!!!!
La fiesta continúa con la canción número veinte, también del disco “Wish”, “Doing The Unstuck”. El sonido de la banda es arrollador. La guitarra de Robert se apoya en una secuencia de batería sutil. La canción suena increíblemente fresca y en el lugar del setlist en el que está puesta, es perfecto. Un gran acierto. El solo de Gabrels es de lo que se espera de él, una contundente y ruidosa belleza, pero con una precisión asombrosa. Un Robert que sigue cantando muy bien, y acostumbrado a estos shows maratónicos, se lo escucha muy bien. Al final de la canción lanza un beso.
Veinte canciones sin bajarse del escenario, ¿qué más se le puede pedir a este reencuentro de The Cure y Argentina? Siempre se puede pedir más.
Los teclados de Roger nos dice que comienza otro momento mágico, “Trust”, la guitarra acústica suena halagadora. Cuando suena toda la banda, el bajo de Simon es simplemente para las lágrimas. Mi amigo Gux, me susurra lo importante de la canción en su vida, ya que en su casamiento ingresó con esta canción. Lo que le agrega una dosis más de emotividad al momento del show. Pasa otro avión, mientras a Roger se lanza a volar con un bellísimo solo de piano. El aporte de Roger en la canción es fundamental.
Las 23.05 hs. Gabrels acopla con su guitarra y comienza la canción veintidós, “Want”. El bajo de Simon golpea el pecho de manera extraordinaria. La imagen de la banda en vivo es paradisíaca. Y la pantalla juega con esas figuras en vivo y en directo. Al finalizar la maravillosa canción, como si estuviera todo sincronizado, pasa un avión.
Llega otro clásico de la banda y del disco “Disintegration”, “Fascination Street”, el escenario se viste de un rojo furioso, la pantalla muestra destellos lumínicos en muchos colores, después aparece como una “vuelta al mundo” con luces, luego un corazón y al final la rueda de la “vuelta al mundo”.
Una muy buena versión de la canción, más allá del error de Jason, que pasa desapercibido. Luego llega “The Hungry Ghost”, para mí, una de esas canciones que tranquilamente podría haberse evitado esta noche. El público aprovecha para descansar de pie, hasta ahora fue la canción menos festejada.
Un acople y una lluvia de flashes hacen despertar nuevamente al público que ya sabe que comienza “Wrong Number”.
Una canción que demuestra lo mejor de Reeves, tal vez sea por haber estado grabación original. Si bien la base suena potente, lo de Gabrels es Tremendo, asoma el guitarrista que conocemos de Tin Machine y de David Bowie. Robert pregunta: Hello? Y la gente le contesta Hello!, a esta altura se ve a un Smith risueño. Miro el reloj y marca 23.35 hs. Casi dos horas de show y llega la canción veintiséis, con su secuencia inicial del disco del disco “Pornography”, llega “One Hundred Years”. Los flashes blancos y rojos le imprimen una intensidad extra a la gran canción, que suena potente, oscura, dura y, sobre todo, perfecta. El escenario arde ante tremenda versión.
Llega “Disintegration”, la canción número veintisiete del set. Una preciosa versión. La banda se parece a Los Ramones, por el simple hecho de que una canción está pegada a la próxima. La versión es intensa y la banda no parece cansada. Robert interpreta la canción de una manera fantástica. Culmina la canción con el sonido de los cristales rompiéndose y la banda abandona el escenario por primera vez.
23.39 hs. Un poco más de dos horas de show, más de lo que la gran mayoría de las bandas tocan con bises incluidos. Pero The Cure recién salen del escenario por primera vez. El público entusiasmado, ante semejante concierto, quiere más. Con mi amigo Gux, aprovechamos para buscar una nueva ubicación, el frío se siente más.
23.45 hs. La banda regresa al escenario. Robert habla de manera amistosa y risueña, alguien le grita “I Love You” y él contesta “I Love You Too”.
Estamos listos para la canción número veintiocho, el escenario se tiñe de un rojo furioso y comienza “The Kiss”, la canción que abre el disco “Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me”. La reacción de todos es “Uhhhhhh”… En la pantalla se plasma un labio similar al de la portada del disco.
El comienzo es intenso, agresivo, son como mazazos que golpean en el pecho. Simon, muy compenetrado en la canción, empuña el bajo como si fuese un arma y lanza sus golpes con furia. Lo de Jason es impecable, seguro y potente. La guitarra de Reeves hace que el golpe de bajo sea más furioso con su distorsión seca. Mientras que la guitarra de Robert queda sonando con Wah Wah. Robert interpreta vocalmente de manera magistral. Lo de Roger es impecable y se lo ve disfrutar mucho. El labio de la pantalla se decolora a medida que avanza la canción, y se torna blanco y negro, en contraste con el escenario que continúa de un rojo casi infernal. La versión es muy intensa, muy intensa…. Superior a la del disco.
Llega el final de la canción y el sentimiento que nos abarca a muchos de los presentes es que nuestros corazones están en las manos de Robert. Los cortes del final son como dulces dagas en los oídos, mientras queda sonando la guitarra de Robert. Un final apoteótico, un final dantesco.
¡¡¡Soberbia Versión!!!
¿Después de esto? ¿Cómo sigue esto? De la mejor manera, llega la canción número veintinueve. La maravillosa “If Only Tonight We Could Sleep”, del mismo disco que el anterior.
La oscuridad y la psicodelia tortuosa inundan el estadio. Un baño de luces azules, verdes y rojas sobre el escenario, mientras un caleidoscopio en movimiento en la pantalla tiñe todo de sublimidad.
Oscuro y mágico momento. Un sueño escuchar esta perfeccionada versión…
La canción número treinta se descubre desde un pequeño riff de guitarra. Llega “Fight”, el tramo de “Kiss me, Kiss Me, Kiss Me”. ¡Tremenda! ¡Tremenda! ¡Tremenda Versión!
La pantalla muestra un ojo maquillado entrecerrado, que parece ser del propio Robert Smith.
Siento que el alma me estalla. Cuando Robert canta “¡Fight! ¡Fight!, ¡Fight!”, el ojo comienza a abrirse lentamente. El bajo es una máquina de aniquilamiento, de vibraciones potentes. Simon sobresale, Robert canta perfectamente y la potencia va en aumento. El ojo se abre completamente.
Llegando al final el ojo se transforma en el labio del comienzo. Y el final ¡es un mazazo!
Robert dice “Thank you, I see in seconds”… y se retiran nuevamente.
El reloj marca 00.02 hs. La gente recupera fuerzas por que volverán, según Robert en unos segundos. Y así es, a los segundos regresan para el segundo bis.
Comienza la canción número treinta y uno, del álbum “The Top”, la gran “Dressing Up”. Un Robert juega con el slide en la guitarra. La dulce canción pone calor a la fría noche de Buenos Aires. La banda sigue sin demostrar cansancio alguno. Como vimos a lo largo de los años, la banda fue modificando circunstancialmente su sonoridad y sus formaciones, pero ésta, es una de las más potentes. Esta versión del quinteto en el 2013 suena mucho más compacta que la del 2012.
Llega “The Lovecats”, Robert, “slide” en mano, hace sonidos en su guitarra, mientras Jason hace el ritmo jazzero y Simon hace ese maravilloso bajo.
Una versión divertida, la banda suena perfecta y Smith hace gala de una versátil musicalidad vocal. La única diferencia con la versión original, son esos kilos de más de Robert. Simon hace la diferencia en la canción con el bajo caminante.
Llega otro clásico, la canción treinta y tres del set, “The Caterpillar”, el caos da comienzo a “Uh, Uh, Uh.”, que la gente corea junto a Robert. Una versión casi perfecta, y digo “casi” porque el vivo nunca es perfecto.
La canción número treinta y cuatro continúa con la diversión, “Close To Me”, casi obliga a no parar de moverse, muchos hacen las palmas del ritmo. Simon tan personal como elegante; Jason presente, prolijo y sólido; Reeves toca de manera sobria; Roger perfecto, haciendo todo; Robert bailoteando y cantando de una manera excepcional.
Enseguida comienzan con “Hot Hot Hot!”, sensacional. Gabrels muy funky, demostrando que Porl es un gran guitarrista, pero su ausencia no se percibe. La banda suena increíblemente fresca después de treinta y cinco canciones. Roger hace la parte de la trompeta y recuerdo el video clip, recuerdo a Lol con la trompeta.
Muchos bailan de “Hot Hot Hot” con las manitos como en el video.
Llega la canción treinta y siete, “Why Can’t I Be You?”, a esta altura de la noche, más no se le puede pedir a este reencuentro. En este momento van tres horas clavadas de show. Y la gente y The Cure siguen de fiesta. La banda realiza una gran canción, potente, sólida y divertida.
Los primeros acordes de “Boys Don’t Cry”, hacen que la noche parezca que nunca va a terminar, ¡por suerte! ¡Simplemente perfecta!
La canción treinta y nueve, casi pegada a la anterior, “10:15 Saturday Night”, hace que las 40.000 personas en el estadio se toman un respiro en la introducción. Luego comienzan a saltar de nuevo. Tremenda, un golpe en la cabeza. La guitarra de Reeves, simplemente genial. Y el solo que hace es similar al “Gabrels” de la época de David Bowie. La pantalla muestra a la banda en color sepia. El solo de Simon es el original de la canción. Sabemos que llega el final del concierto.
Llega la canción número cuarenta, “Killing An Arab”. Esta sí! La última canción.
En este momento mucho no puedo pensar, pero creo que es una de las versiones más potentes. Un Robert enérgico e intacto; Simon está encendido como toda la noche; Jason aportó seguridad a la banda; Roger exquisito y con momentos maravillosos; Reeves Gabrels, si bien conocía muy bien sus antecedentes, me sorprendió, y creo que a la gran mayoría de los asistentes, con sus excelentes intervenciones, su sonido. Se lo ve más afianzado que el año pasado y demuestra más su esencia guitarrística. En algún momento de la noche mientras realizaba un solo, Robert lo miró fascinado.
Llega el final de la canción y del show. La banda saluda en medio de la larga ovación del estadio.
Una extraordinaria demostración de vigencia y personalidad, que luego de más de tres horas de un show tan esperado, nos deja nuevamente soñando, cuando Robert dice:
“No sé por qué mierda tardamos 26 años en regresar”.
Luego de saludar e irse último del escenario, hizo un gesto de olvidarse de algo, se acercó al micrófono y dijo lo que todos estábamos esperando:
“I see you Again”
El reloj marcaba las 00.41.
El escenario y el estadio encienden sus blanquecinas luces, marcando el final del reencuentro de The Cure con la Argentina.
Luego, más fríamente, con un grupo de amigos repasábamos el show, como muchísimos de los que salieron del estadio. Algo que seguro se repitió en cada uno de los grupos de amigos que asistieron al concierto, es la cantidad de nombres de grandes canciones que estuvieron ausentes, como “Shake Dog Shake”, “Sinking”, “A Night Like This”, “Piggy In The Mirror”, y seguro muchísimas más.
Pero lo cierto, es que después de las más de tres horas de show, no se le puede reprochar nada a la banda, quienes nos regalaron una noche de viernes más intensa que la soñada, y que seguro, ya empezamos la espera para verlos nuevamente…
Pero lo que sé, es que muchos, muchos de los asistentes, lo que hemos visto…
Jamás Olvidaremos.
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