A LA MÚSICA LA CREAMOS PARA VIVIR UNA EXPERIENCIA PROFUNDA
Entrevista a Michael Ciravolo de Beauty in Chaos por Diego Centurión.
Fotgrafías de Kevin Estrada.
Beauty in Chaos ha editado un nuevo álbum, Quiet Place, un trabajo que llega exactamente ocho años después de Finding Beauty In Chaos, el disco con el que comenzó la historia del proyecto. Una vez más nos comunicamos con Michael Ciravolo para conversar acerca de este nuevo lanzamiento y, a partir de él, reflexionar sobre el camino recorrido por Beauty in Chaos, los vínculos que se fueron construyendo a su alrededor y la manera en que entiende hoy la creación y nuestra relación con la música.
Agradecemos, como siempre, a Shauna McLarnon de Shameless Promotion PR por hacer posible esta nueva entrevista.
BIC es verdaderamente una familia, no solo una expresión ingeniosa. Y para mí esa familia incluye a TODOS los que han formado parte de nuestro recorrido y siguen haciéndolo. Eso incluye a quienes compran y escuchan nuestra música, y a periodistas como vos, que se interesan por lo que creamos. No doy nada de esto por sentado, porque todo podría haber terminado después del primer álbum. Con ese disco me demostré que podía hacerlo, pero el proyecto también cobró vida propia. Eso dio lugar a amistades reales y a una expresión artística compartida, basada en el respeto mutuo.
Que Mark Gemini Thwaite me presentara a Ashton fue importantísimo en muchos sentidos. Por encima de todo, por la profunda amistad que Ashton y yo construimos. Ni siquiera puedo describir lo importante que fue nuestra primera colaboración, «Storm», para BIC. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer: recibí un mensaje de Ashton diciéndome que revisara mi correo porque me había enviado su maqueta sobre la música. Y eso era «Storm». Cuando la escuché, me dio la confianza absoluta de que Beauty in Chaos realmente iba a suceder. Su frase «siempre hay una luz» es enormemente importante y significativa. Me gusta pensar que es el hilo que atraviesa todo lo relacionado con BIC. Sus dos aportes a este álbum, «Home» y la canción que le da título, hacen que ya sean siete las canciones que escribimos juntos. Para mí, todas son hermosas y muy diferentes entre sí en lo sonoro. Sin duda existe una conexión musical entre nosotros desde el principio. Y quizá, solo quizá, nos conocimos por intervención divina. Sé en lo más profundo de mi corazón que, cuando le enviamos música a Ashton, él la va a transformar en algo hermoso, profundo y definitivamente especial.
Vivimos en tiempos de mucha inmediatez, también en nuestra relación con la música: constantemente aparecen nuevas canciones, nuevos discos y nuevos estímulos que parecen reemplazarse unos a otros con enorme rapidez. Ahora que han pasado ocho años desde el comienzo de Beauty in Chaos y volvés a encontrarte con canciones que siguen teniendo un significado para vos y para quienes las escucharon entonces, ¿el paso del tiempo te hizo reflexionar sobre la perdurabilidad de la música? ¿Pensás alguna vez, cuando creás una canción, en la posibilidad de que siga acompañando a alguien muchos años después?
No puedo ni empezar a describir cuánto detesto esta «era de la inmediatez», especialmente en lo que se refiere a la música. Quizás simplemente me estoy poniendo viejo, pero creo con toda mi alma que crecí en la mejor época de la música. No es que hoy no haya bandas nuevas buenas; es que parece haberse perdido la «experiencia». El streaming no le llega ni a los talones a la belleza de un vinilo de 12 pulgadas: la portada, los créditos, el orden de las canciones. ¿Y cómo miro estos ocho años de BIC? Estoy orgulloso de todo lo que creamos, porque lo hicimos por amor al arte de la música. Sin perseguir fama ni fortuna, ni los parámetros actuales de clics y seguidores. Tengo la suerte de contar con algo dentro de mí que me permite escuchar BIC como un oyente «casual», a diferencia de cómo escuchaba los discos en los que había participado antes. Puedo escuchar la canción como un todo, en lugar de escuchar sus «partes». Creo que nuestro primer álbum de 2018 podría publicarse hoy y no sonaría anticuado. De verdad creo que una buena canción puede ser atemporal.
En una de nuestras conversaciones anteriores te propuse la idea de que Beauty in Chaos parecía estar cerrando un círculo, y vos me respondiste que preferías verlo como una línea recta: quizá mirando un poco hacia atrás, pero siempre avanzando. Sin embargo, para Quiet Place decidiste poner un límite al proceso creativo para poder publicarlo exactamente ocho años después de Finding Beauty In Chaos. Eso hace pensar que la fecha, y quizás incluso el número ocho, tienen para vos algún significado especial. ¿Sentís que este álbum cierra un primer ciclo de Beauty in Chaos? ¿Hay algo simbólico en esos ocho años y en la idea de cerrar este capítulo para comenzar otro?
Sinceramente, el único límite que le puse a este disco fue la fecha en la que quería publicarlo. Al principio esperaba que pudiéramos terminarlo y lanzarlo el día del cumpleaños de mi querida mamá, el 18 de junio, pero no iba a ser posible. Entonces, hacer coincidir el video de «Home» con la fecha del estreno del video de «Storm», y después el 28 de septiembre con la fecha de lanzamiento de Finding Beauty In Chaos, me pareció lo adecuado. Sigo viendo a BIC como una línea recta: avanzando, pero sin olvidar sobre qué construimos todo esto. Tal vez haya algo subliminal en el número ocho, porque sí siento la necesidad de cambiar la manera de encarar el próximo lanzamiento. «Quiet Place» nos llevó más de un año. No estoy seguro de tener paciencia para hacer otro álbum completo de diez o doce canciones. ¡Mi impaciencia no tiene absolutamente nada que ver con la «era de la inmediatez» de la que hablamos antes! Creo que la capacidad de atención de la persona promedio disminuye cada día, algo que lamentablemente no encaja con los álbumes dobles de BIC. Aunque creo que nuestra familia BIC lo entiende y está dispuesta a acompañarnos en viajes artísticos más largos, pienso que los próximos lanzamientos de estudio serán EP de cuatro canciones. No lo haré para complacer a un público con poca capacidad de atención, sino para concentrar más la atención en las canciones. Personalmente, detesto pensar que los temas que aparecen hacia el final de un álbum largo puedan pasar inadvertidos.
Alguna vez contaste que tu primera cita «real» con Tish fue viendo a Ministry en Lollapalooza en 1992. Resulta increíble pensar todo lo que ha sucedido desde entonces, tanto en la vida de aquella banda como, sobre todo, en la de ustedes dos. Tish ha estado a tu lado durante todo el recorrido de Beauty in Chaos y también ha formado parte del proyecto musicalmente. ¿Cuánto de la fortaleza y la continuidad que BIC ha tenido durante estos ocho años sentís que también se debe a su apoyo? Y después de tantos años compartiendo vida y música, ¿te gustaría que su presencia creativa dentro de Beauty in Chaos fuera todavía mayor?
Como te preguntaba anteriormente, Beauty in Chaos es finalmente un proyecto en el que podés crear bajo tus propias reglas. Pero hay alguien que está a tu lado desde el comienzo y que, imagino, también tiene la libertad de cuestionarlas: Michael Rozon. Después de ocho años trabajando juntos, ¿qué importancia tiene para vos contar con un productor que no solamente entiende el universo que querés construir, sino que también puede desafiar tus decisiones y decirte cuándo cree que deberías tomar otro camino?
Bueno, ¡ES culpa suya que yo haya empezado todo esto! ¡Él fue quien vio que la cura para mi frustración era «hacer lo mío»! De verdad intento que sienta que es mi socio en este proyecto. Su zona de confort está exclusivamente en el estudio. A él le encantan los detalles minuciosos del proceso creativo, mientras que yo tiendo a concentrarme en la atmósfera y en la visión general. Es una buena sociedad de trabajo que ha dado lugar a obras hermosas… en mi opinión, que por supuesto no es imparcial. Él no es nada tímido y expresa lo que piensa cuando siente que alguna parte no termina de funcionar. Creo que BIC es un equilibrio singular entre la espontaneidad de la «primera toma» y una búsqueda profunda a través de la prueba y el error. Hasta hoy no hemos tenido un desacuerdo creativo que no hayamos podido resolver mediante una concesión mutua, y eso siempre terminó mejorando la canción.
Después de casi cincuenta años haciendo música, atravesaste bandas, ciudades, escenas y momentos muy diferentes de tu vida. Si mirás hacia atrás en todo ese recorrido, ¿hay alguien que haya sido especialmente importante para que pudieras construir este camino y cuyo apoyo, consejo o confianza quizás nunca hayas reconocido lo suficiente públicamente? ¿Quién es esa persona que sentís que también merece formar parte de tu historia como músico?
Esa persona sería el señor Hisatake Shibuya. Aunque ya no está entre nosotros, era el dueño de Schecter Guitars y depositó su confianza en mí cuando yo mismo no creía en mis capacidades. El señor Shibuya me dio a mí, un guitarrista que vivía en Los Ángeles y no tenía ningún título en administración de empresas, la oportunidad de reconstruir Schecter Guitars como marca de guitarras. Lo nombro porque su confianza y su orientación fueron fundamentales: me dio la oportunidad de convertir Schecter Guitars en una de las marcas de guitarras más grandes del mundo. Eso me permitió mantener a mi familia y conocer a muchos músicos talentosos, varios de los cuales hoy puedo llamar amigos y forman parte de nuestra familia BIC. Creo que existía una posibilidad muy real de que, sin Schecter Guitars, nos hubiéramos vuelto a Nueva Orleans… y Beauty in Chaos nunca habría tenido la oportunidad de existir. No puedo dejar pasar esta pregunta sin mencionar a mis padres. Tuve la bendición de tener dos padres extraordinarios y cariñosos, que me alentaron y me impulsaron a seguir mis sueños y mi pasión. No me habría mudado de Nueva Orleans a Los Ángeles si no fuera por lo que ellos me inculcaron.
A lo largo de esta conversación apareció varias veces la sensación de que Quiet Place podría estar cerrando un primer capítulo de Beauty in Chaos. Ocho años después del comienzo, volvés de alguna manera al punto de partida, pero seguramente ya no sos el mismo músico ni Beauty in Chaos es el mismo proyecto. Si este disco representa realmente el final de una primera etapa, ¿cómo imaginás la que comienza ahora? ¿Sentís que, a partir de aquí, se abre un nuevo capítulo para Beauty in Chaos?
No doy nada de esto por sentado. BIC evolucionó hasta convertirse en algo que jamás podría haber imaginado. Sinceramente, me habría sentido satisfecho con lo que creamos en nuestro primer álbum, que incluía a artistas que ocupaban una parte importante de mi colección de discos. Para mí, Dios tiene un plan, y se abrió una puerta para que BIC floreciera y llegara a ser lo que es. Dejé de preguntarme por qué y simplemente estoy disfrutando del viaje. A decir verdad, cuando Maren Platzhoff me envió su boceto original —que terminó convirtiéndose en la portada de «Quiet Place»—, me recordó a la portada de «Finding Beauty In Chaos». Hubo un momento en que me pregunté si aquello era una señal de que había llegado la hora de ponerle punto final a todo esto. Haber perdido a algunos amigos cercanos este año intensificó esa conciencia de la mortalidad. Suena oscuro, lo sé, pero es la realidad. Sin embargo, a medida que avanzábamos con el álbum y Maren nos enviaba sus pinturas definitivas, mis sentimientos comenzaron a llenarse de más «luz». Todavía disfruto muchísimo lo que hacemos y pienso seguir guiando a BIC hacia adelante. Por varias razones, creo que después de nuestros próximos lanzamientos de reinterpretaciones —que por ahora llevan el título «disassemble reassemble» y están previstos para marzo de 2027— nos concentraremos en EP más breves. De algún modo, eso coincide con la disminución de la capacidad de atención de la gente. Pero, para mí, lo más importante es que un lanzamiento más corto quizá permita prestar más atención a cada canción. Todavía conservo esa idea romántica de que el oyente se sentará a escuchar nuestro álbum «sin interrupciones», de principio a fin, sin desplazarse por la pantalla ni distraerse. ODIO profundamente que la música se haya convertido en mero ruido de fondo. Para mí, la creamos para vivir una experiencia profunda y establecer una conexión igualmente profunda. Sé que, lamentablemente, eso está quedando en el pasado, pero siento que quienes escuchan BIC todavía mantienen viva esa llama. Cada álbum de BIC es el siguiente paso. Mientras sigamos haciendo esto, el proyecto seguirá girando y evolucionando.



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